26.02.2020 – Miércoles de Ceniza

26.02.2020 – Miércoles de Ceniza

1ª Lectura (Joel 2, 12-18)

Salmo responsorial

(Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17)

2ª Lectura (2ª Cor  5, 20 – 6, 2)

Evangelio (Mt 6, 1-6. 16-18)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.”

Reflexión:

Con el Miércoles de Ceniza comienza la Cuaresma.  Y las lecturas de este importante día nos llaman a la conversión, al  arrepentimiento  y a la humildad … todas cosas que hay que tener en cuenta en este tiempo especial que llamamos Cuaresma.

La Cuaresma es tiempo de preparación para la conmemoración de la Pasión y Muerte del Señor y la celebración de su Resurrección triunfante el Domingo de Pascua.

Conversión, arrepentimiento y humildad van entrelazadas entre sí para darnos un verdadero espíritu cuaresmal.

Por eso comenzamos hoy la Cuaresma en penitencia:  hoy es día obligatorio de ayuno y abstinencia para todos los Católicos. El Miércoles de Cenizas es obligatorio el ayuno y la abstinencia para los mayores de 18 años y menores de 60.  Fuera de esos límites es opcional.

La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años.  Todos los viernes de Cuaresma son de abstinencia obligatoria.  Es importante notar que los demás viernes del año también son de obligatoria abstinencia de carne, aunque puede sustituirse por otro tipo de penitencia.  En cambio, la abstinencia de los Viernes de Cuaresma no puede sustituirse por otro tipo de penitencia.

Además, hoy es día de Imposición de la Ceniza, ritual por el que -en humildad- reconocemos lo que somos (nada ante Dios) y lo que debemos hacer (arrepentirnos y regresar a Dios o acercarnos más a El).

La Ceniza es un sacramental que puede recibirlo cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 y siguientes) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los Sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».

Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, sólo puede realizarla un Sacerdote o un Diácono, aunque está permitido que los laicos ayuden al Sacerdote en la imposición de la misma.

El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto la imposición de ceniza no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.

Y ¿qué es la ceniza?  ¿Qué significado tiene el ritual de imposición de la ceniza?

La Ceniza no es un rito mágico, ni de protección especial -como muchos podrían considerarlo.  La ceniza simboliza a la vez el pecado y la fragilidad del hombre.

Veamos lo que es la ceniza y el polvo en la Sagrada Escritura.  Isaías habla del idólatra como “un hombre que se alimenta de cenizas” (Is. 44, 20).

La idolatría, el gran pecado de los tiempos antiguos, pero también de ahora, porque cada civilización se crea su propios ídolos, a los que el Libro de la Sabiduría denomina “invenciones engañosas de los hombres” (Sb. 15, 4).

Hoy en día tenemos también nuestros propios inventos, nuestros propios ídolos.  Así que el término de idólatra también se refiere a nosotros hombres y mujeres del Tercer Milenio.

Y he aquí lo que nos dice el Señor sobre los idólatras:  “Su corazón es cenizas, su esperanza es más vil que el polvo, su vida más miserable que la greda, porque desconoce al que lo formó y le infundió un alma capaz de actuar y un espíritu de vida” (Sb. 15, 10).

¿Qué significado tiene la ceniza?  ¿De dónde nos viene ese rito de Imposición de la Ceniza?

El Profeta Ezequiel, anunciando la destrucción de la ciudad de Tiro, dice que sus habitantes no tenían en cuenta a Dios.  Eran expertos en navegación y comercio, pero pecadores porque estaban imbuidos en su riqueza material.  Por eso, “se cubrirán la cabeza de polvo y se revolcarán en ceniza” (Ez. 27, 30).

Y el Señor, a través del mismo Profeta Ezequiel,nos hace ver que el resultado del pecado no puede ser sino la ceniza, cuando se refiere al Rey de Tiro:  “Te he reducido a cenizas” (Ez. 28, 18).

Así que para reconocer ante los demás y para convencerse a sí mismos que realmente eran “polvo y ceniza”, algunos personajes de la Biblia se sentaron sobre ceniza o se cubrieron la cabeza de ceniza:  Job (Job, 42, 6);  el Rey de Nínive, ante la predicación de Jonás (Jonás 3, 6).

Jesús mismo menciona la costumbre de revestirse de ceniza al referirse a dos ciudades que no habían acogido su mensaje de salvación (Mt.  11, 20-24).

Al saber de los desmanes que Holofernes, jefe del ejército de Nabucodonosor, había hecho en los pueblos vecinos, los israelitas se asustan, por lo que “todos los habitantes de Jerusalén … se cubrieron la cabeza con cenizas” (Judit, 4, 11).

En Abraham, nuestro padre en la fe, modelo de humildad, docilidad y entrega a Dios, la ceniza tiene su verdadero sentido, cuando orando se reconoce nada ante el Creador:  “Sé que a lo mejor es un atrevimiento hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza” (Gn. 19, 27).

Cubrirse de cenizas significa, entonces, el realizar en forma tangible un reconocimiento público, por el cual nos declaramos frágiles, incapaces, pecadores, en busca de la misericordia de Dios.

Dios nos promete por boca del Profeta Isaías “una corona en vez de ceniza” (Is. 61, 3).   ¿Cómo la obtenemos?

Esa corona la obtiene quien se reconoce y realmente cree que es nada, quien se sabe necesitado de la misericordia divina y de la salvación que nos trajo Jesucristo.   El cambia la tristeza en alegría y la ceniza en corona.

El Ritual de la Imposición de la Ceniza nos lleva, entonces, a recordar nuestra nada.  Las palabras de una de las fórmulas de imposición de la ceniza nos recuerdan lo que somos:  “Polvo eres y al polvo volverás”.  Es decir, nada somos ante Dios.

Somos tan poca cosa como ese poquito de ceniza, ese polvillo, que se vuela con un soplido de brisa, o que desaparece con tan sólo tocarlo.  Eso somos ante Dios:   muy poca cosa … como es la ceniza.  Y la ceniza es el resto que queda de ramos o palmas benditas del año anterior quemadas con anticipación, que luego son rociadas con agua bendita y aromatizadas con incienso..

Y los hombres y mujeres de hoy necesitamos ¡tanto! darnos cuenta de nuestra realidad:  que somos como la ceniza.

Nos creemos tan grandes … y somos ¡tan pequeños!

Nos creemos capaces de cualquier cosa … y somos ¡tan insuficientes!

Nos creemos capaces de valernos sin Dios o a espaldas de El …

y somos ¡tan dependientes de El!

El fruto más importante de un Miércoles de Ceniza bien comprendido es la conversión.  Precisamente las palabras que posiblemente serán pronunciadas en el momento de la Imposición de la Ceniza son las siguientes:  “Conviértete y cree en el Evangelio”.  Es importante tomar en cuenta estas palabras.

El Ritual de la Imposición de la Ceniza tiene por fin, entonces, llevarnos a la conversión.   Y ¿qué es convertirse?  Nos lo explica la Primera Lectura del Profeta Joel:  “Vuélvanse a Mi de todo corazón …… Vuélvanse al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia”.

Convertirse es volverse a Dios:  regresar a Dios o acercarse más a El. ¿Cuánto tiempo toma convertirse?  La conversión es un programa de toda la vida.  Todos -sin excepción- necesitamos convertirnos:  hasta el más santo puede todavía ser más santo aún.

Y la conversión debe ser verdadera, no aparente. Por eso nos dice Joel: “enluten su corazón, no sus vestidos”.   Es decir:  el cambio debe ser interior, en el corazón.  El cambio no puede ser la ceniza en la frente sin un verdadero regreso (si es que estamos de espaldas a Dios) o un verdadero acercamiento (si es que estamos de frente a Dios pero alejados).

En esto consiste el verdadero arrepentimiento de las faltas, pecados, vicios, etc.  Cada uno, en el interior de su corazón sabe cuál es aquella falta que el Señor desea que deje.  Y la Cuaresma es el tiempo propicio para ese arrepentimiento.  Y el arrepentimiento es una gracia que el Señor nos concede si realmente lo deseamos, si verdaderamente lo buscamos.

“Pues bien”, nos dice San Pablo en la Segunda Lectura, “ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación”.  El Señor, que siempre está abierto a perdonar a quien desee arrepentirse, el Señor que siempre está dispuesto a ayudar a quien desee ser mejor, está especialmente pendiente en este día de penitencia en que nos humillamos reconociéndonos “polvo”,  y también en este tiempo de gracia llamado Cuaresma, que  hoy comenzamos.

Por eso decíamos al comienzo que el verdadero espíritu de la Cuaresma está en estas palabras:  conversión, arrepentimiento y humildad.

¿Cómo llegar a este espíritu cuaresmal?  Jesucristo nos indica en el Evangelio los medios especiales para ser humildes, para arrepentirnos y para convertirnos.  Son  la oración, la penitencia o el ayuno, y la limosna.

Durante estos cuarenta días que nos preparan para la Semana Santa, intensifiquemos nuestra oración.

¿No rezas nada?  Comienza por rezar un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria.  ¿Ya haces esto?  Trata de rezar una decena del Rosario, ven a hacer una visita a Jesús, que está presente en el Sagrario.

¿No vas a Misa los Domingos?  Ven, a partir de hoy, todos los Domingos a Misa.  ¿Ya haces esto?  ¿Por qué no venir algún día o varios días durante la Semana, a Misa y a comulgar?

¿Necesitas confesarte para aliviar esa culpabilidad que pesa y que molesta y que, además, ofende al Señor?  ¿Qué mejor tiempo que éste, que es tiempo de arrepentimiento y conversión?

El ayuno, que puede ser más estricto o menos estricto, según se pueda, es un ingrediente importante dentro del espíritu cuaresmal y es un sacrificio agradable a Dios.  Negarse algo que a uno le gusta es un buen ejercicio espiritual.

Puede ayunarse no sólo de alimentos y de bebidas.  Puede ayunarse de cigarrillo.  Puede ayunarse de televisión y de Internet, por ejemplo.  ¡Qué bien nos haría personalmente y qué bien haríamos dedicando parte del tiempo que pasamos ante el televisor o en Internet, orando en familia, en leer o estudiar la Biblia o en hacer alguna obra buena en favor de alguien necesitado de una enseñanza, de un consejo o de una ayuda cualquiera!

La limosna a los necesitados se refiere a todas las obras de misericordia, tanto materiales como espirituales:  dar de comer al hambriento de pan … o al hambriento de conocimiento de Dios.  La práctica de las obras de misericordia, cuando se realiza con recta intención, es decir, con el sincero deseo de agradar a Dios y de ayudar, es fuente de muchas gracias.

Pero recordemos:  oración, penitencia y obras de caridad, realizadas siempre en humildad, como muy expresamente nos pide el Señor en el Evangelio.  Quien haga estas cosas para ser reconocido o alabado, no sólo se pierde de sus frutos y de practicar un verdadero espíritu cuaresmal, sino que comete ese pecado escondido de falta de rectitud de intención, de impureza de corazón.

La oración y la penitencia son medios para regresar a Dios y para acercarnos más a El.  Las obras de caridad son el fruto de esa conversión.  De eso se trata la Imposición de la Ceniza, de eso se trata la Cuaresma que hoy iniciamos.

Fuente: http://www.homilia.org/

 

 

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